Café con… José Manuel Galán: “Me espera una momia en Tebas”

EL PAÍS: 11 – Octubre – 2008

Jacinto Antón

Café con momia. No sólo porque quien se sienta enfrente es uno de
nuestros más reconocidos egiptólogos, José Manuel Galán, del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas, y con él las momias están
garantizadas en la conversación. Sino porque nos encontramos en el pequeño
bar de la azotea del Museo Egipcio de Barcelona y el centro tiene por ahí
abajo sus momias en exhibición. Es fácil imaginárselas ahora removiéndose
nerviosas ante la visita de Galán, que no para de desenterrar hermanas de
ellas a puñados en el país del Nilo. Uno confía en que, pese a no parecerse
mucho a Brendan Fraser (en nada, la verdad), será capaz de mantenerlas a
raya si deciden -¡Imhotep no lo quiera!- venir a unirse a nosotros.
Aparte de momias, ¿ha visto cobras y escorpiones últimamente? “No,
pero hemos encontrado un murciélago en una tumba al que hemos bautizado
Percy, y nos hace compañía”. Galán, que después del café dará una
conferencia para la que el museo ha agotado todas las entradas, viste de
traje. La última vez que nos vimos, iba de explorador de los pies a la
cabeza y juntos bajamos -quien firma temblando, como no deja de recordar el
egiptólogo con una insidiosa sonrisa- por un estrecho pozo hasta una
claustrofóbica cámara funeraria. Fue en Dra Abu el Naga, la necrópolis cerca
del Valle de los Reyes (Luxor, la vieja Tebas) en la que Galán y su
formidable equipo -desde los investigadores españoles y egipcios y el rais
Alí hasta el más humilde aguador- trabajan desde hace siete campañas y donde
han hallado cosas sensacionales que han colocado a la egiptología española
en primera línea internacional: maravillosos sarcófagos, lino con el sello
real, un retrato frontal único de un faraón, flores y momias, claro (la Dama
Blanca, Valentina, Nicolai, Iqer…). Pero lo mejor, inshallah, está por
venir. Tienen, recuerda, “una cita con Djehuty”, el noble, leal y célibe
servidor de la reina Hatshepsut cuya tumba es el principal objetivo de su
proyecto de excavación. Y todo indica que la próxima campaña, este invierno,
lo van a encontrar; a ver en qué estado, que son muchos años los que lleva
enterrado (3.500).
“Los pasados enero y febrero excavamos el pozo que lleva a su cámara
sepulcral. Un pozo de ocho metros. Hemos comprado una buena escalera, no
como aquella destartalada por la que bajaste tú. La cámara está llena de
escombros. Estoy seguro de que buena parte del ajuar de Djehuty, y él mismo,
su momia, están ahí, y nos aguardan”. Galán aferra con más fuerza su tacita
de café. Y su rostro se transmuta por un momento: el científico calmo deja
paso al aventurero decidido, el soñador despierto, el hombre tenaz que
escarba la tierra abrasada bajo un sol inmisericorde contra la atroz tiranía
del tiempo y las probabilidades.
La última maravilla desenterrada por el equipo fue, en febrero, en
el enorme patio de la tumba de Djehuty, el enterramiento del arquero Iqer,
“el Excelente”, con la momia metida en un sarcófago rojo con jeroglíficos y
junto a dos arcos y cinco flechas. Mabruk, mudir -felicidades, jefe-. ¡Vaya
suerte! “Suerte, sí, pero detrás de todos nuestros hallazgos hay mucho tesón
y esfuerzo. Hemos excavado donde otros no lo hicieron porque era difícil e
ingrato. Hemos ido más allá. Y, por eso, hemos recogido el premio”. Y, sin
duda, seguirán recogiéndolo. “Nos aguardan muchas sorpresas en Dra Abu el
Naga”, se despide Galán. Y en las salas del museo, pobladas de cosas
muertas, de sombras y de misterios, sus palabras resuenan como una profecía.

http://www.elpais.com/articulo/ultima/espera/momia/Tebas/elpepiult/20081011elpepiult_2/Tes

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